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ANSIEDAD DEPRESIÓN Y ANGUSTIA

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Isaias 55:1
A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.

tu primera oración; pedir perdón
Ayúdame Dios – A Elegir Bien

Dios quiere ayudarte

(Romanos 5:6-11).
Él te ama mucho y no quiere que atravieses esta prueba solo. Todo lo que necesitas es creer.
Habla con Dios, y  haz una oración simple y sincera. Recuierda que la Oración mas hermosa que puedes hacer para Dios, es la que procede de tu corazón. Las palabras bonitas no valen nada si lo que dices no lo dices de tu corazón. Este es un ejemplo de lo que puedes orar si lo sientes y eres sincero:

“Padre Celestial, creo que tu hijo Jesucristo murió en la cruz por mi pecado y fue resucitado de la muerte. Confieso y pido perdón por mis pecados. Gracias por perdonarme y amarme. Ayúdame a vivir una nueva vida que te plazca, como una nueva creación en Cristo Jesús. Sostenme a través de esta circunstancia. Es más grande que yo y no puedo hacerlo sin ti.
En el nombre de Jesús”.
Si decidiste convertirte en un hijo de Dios el día de hoy, te damos desde lo más profund de nuestros corazones, la bienvenido a su familia. Él nunca te dejará. Es Fiel y su Amor por ti es para siempre. Hebreos 13:5 dice: “Porque Dios ha dicho: ‘Nunca te dejaré; jamás te abandonaré’”.








Cada uno de nosotros tiene un nivel particular en el cual todas nuestras emociones nos desbordan y nos hace implorar y clamar desde lo mas profundo de nuestro ser:
“Dios, ayúdame”
Es posible que hayamos recibido perturbadores resultados de un examen médico o devastadoras noticias sobre un miembro de la familia. ¡Nuestras emociones son un desastre! No podemos identificar si estamos enojados, en pánico,asustados o temerosos del futuro, lo que si sabemos es que no podemos seguir adelante solos en nuestras propias fuerzas.

En ocasiones, estas emociones son demasiadas para que nosotros las manejemos y las volcamos en los demás. Cuando me diagnosticaron cáncer, tuve miedo de perder la vista y ventilé mi ira con quienes me cuidaban.  ¿Alguna vez notaste que el miedo y la ira son hermanos?  Palabras duras se intercambian entre las personas, por temor a la traición en sus relaciones. El miedo originado por un examen médico genera ira cuando se confirma el cáncer. Ni siquiera importa si la ira/miedo está claramente justificada…aun así, sigue fermentando. El temor destructivo (preocupación, pánico y suspicacia) se genera por anticiparse a lo desconocido. A todos
nos gusta estar en control de nuestras circunstancias. (¿No te pones aun más furioso cuando no tienes el control?)
Pero cuando yo comparé mis mínimas capacidades humanas a las  del omnisciente, omnipresente y todopoderoso Dios, cedí mi control. De repente, mis temores (e ira) diminuyeron (Salmos 131:1-2).  

Ayúdame Dios – A Vivir una Vida que Valga la Pena cuando imploras: “Dios, ayúdame”, ¿crees que hay una vida más completa por delante? Una relación con un Padre Celestial dedicado y amoroso, cambia tu punto de vista del mundo, de una perspectiva temporal a una eterna (2 Corintios 4:17-18).

La relación que desarrollas a través de tu aceptación del Hijo de Dios, Jesucristo, como tu Señor y Salvador te renueva, tanto mental como físicamente.No puedes cambiar el mundo a tu alrededor sin antes haber cambiado el tuyo.

1.Podemos elegir vivir en desobediencia a los planes de Dios —vivir en pecado— (Romanos 3:23).
2.Podemos pedir perdón y agradecer a Jesucristo por sacrificar su vida como pago por nuestros pecados.

Esto incluye el que alguna vez estuviste muy lejos de Dios. Que fuiste su enemigo, separado de él debido al pecado, a saber; tus malos pensamientos y acciones, pero ahora él te ha traído de vuelta como su amigo.  Ha hecho esto a través de la muerte de su cuerpo humano en la cruz. Como resultado, te ha traído ante lapresencia de Dios y ahora estás santo y sin culpa para presentarte ante él sin ninguna falta (Colosenses 1:21–22).

Al aceptar a Jesús como Señor de nuestras vidas, nacemos de nuevo como miembros de la familia de Dios, con la garantía de la vida eterna en el cielo. “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”  (Juan 3:16).


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