VENCE Y ROMPE SUS CADENAS
¿ TE GUSTARÍA ENCONTRAR UNA SALIDA?

ANSIEDAD DEPRESIÓN Y ANGUSTIA

Vaya al Contenido
Angustia > Miedo-Fobias
Síntomas de ansiedad y depresión
LuzOnLine aprende a vencer
MIEDO A MORIR

MIEDO A LA MUERTE - VENCE TUS TEMORES
Tu también puedes vencer el miedo a la muerte y disfrutar de la vida que es un don del creador.
Compartimos el siguiente testimonio...    Vencer el miedo a morir….
MI PROCESO..

Una noche, cuando tenía cerca de trece años, estaba a punto de dormirme cuando escuché: “Si te vas a dormir, morirás”. Me senté en la cama para ver quién lo había dicho, pero nadie estaba ahí. Por lo tanto, me acosté de nuevo y pensé que se trataba de un mal sueño, y esperé que el sueño viniese de nuevo… pero eso no sucedió. Lo escuché nuevamente. Esta vez, el miedo me consumía. Me puse a sudar y comencé a temblar. Llamé a mi madre y ella vino corriendo, se sentó junto a mí y me abrazó. Cuando le conté lo que había sucedido, me consoló, me dio seguridad y luego se acostó junto a mí, hasta que ambos nos quedamos dormidos.
Me desperté pensando: “¡Guau! Eso fue realmente raro; lo sentí real, pero todavía estoy vivo. No he muerto, así que eso es todo”. Pero no lo fue. De hecho, esta situación continuó los siguientes veinte años de mi vida. Nunca pude predecir cuándo iba a suceder. No era algo que pasaba todas las noches, así que siempre me tomaba desprevenido, y siempre me ponía en un estado de pánico total. Nunca más llamé a mi madre y nunca le conté a nadie de estos eventos
Dejé la iglesia al llegar a los veinte años, porque me había enojado con un dios que me mantenía en esas arenas movedizas, que no era amoroso ni amable, sino estricto e insatisfecho. Obtuve una licenciatura en educación y más tarde una maestría en consejería educativa. Aprendí mucha psicología, pero nunca pude superar el temor, aún cuando busqué la respuesta en cada curso de psicología que tomé. Al llegar a los treinta, el temor estaba cegando mi vida y se había vuelto multifacético. Me casé, tuve una hija y luego un hijo. Para afuera, mi vida era maravillosa, pero la confusión interna estaba sofocándome. Nunca tuve paz y nunca hubo la suficiente ocupación para detener mi temor.



Finalmente, uno de mis hermanos se sentó conmigo y me dijo: “El Dios de la Biblia no es el dios del que aprendimos cuando niños. Debimos haber leído la Biblia por nuestra cuenta, si lo hubiésemos hecho, veríamos a Dios de manera diferente. Él nos ama, él nos sanará y él nos liberará”. Esa fue la primera vez que surgió alguna esperanza en mí y fue la suficiente como para ponerme a buscar respuestas en la Biblia. Me reconecté con la iglesia, pero me mantuve alejado de las denominaciones de mis dos padres. Me tomó un par de años de estudio, de escuchar y de aprender hasta que finalmente comprendí que esos temores estaban controlando mi vida porque yo permitía que lo hicieran. Por fin comprendí que no era la intención de Dios que yo tuviese temor a nada. Por el contrario, él desea que yo confíe en él, me apoye en él, y que tenga seguridad de mi existencia eterna con él.
Una noche, me acosté a dormir y otra vez escuché: “Si te vas a dormir, vas a morir”. En esa ocasión, me senté en mi cama y reflexioné entre creer lo que acababa de escuchar o creer lo que había aprendido de la Biblia. Decidí que no tenía nada que perder, excepto el temor. Por primera vez, reconocí mi angustia y le hablé en voz alta, diciéndole: “Es mentira y ha sido una mentira desde el primer día. Esta es la última vez que me atormentas. No voy a morir esta noche, porque mi vida está en manos de Dios. Si él elige llevarme, simplemente estaría bien morir, porque sé lo que viene después.
Ya me cansé de esta mentira y de todas las otras que me han quitado paz. Me rehuso a rendirme al temor, porque no se relaciona con lo que Dios dice. Voy a cambiar mi manera de pensar esta noche. Es oficial; a partir de este momento, mi mente está en reconstrucción y bajo control de Dios”. El temor trató de montar su ofensiva, pero entonces escuché otra voz, diciendo: “El demonio odia verte sonreír y si sonríes, te acuestas y te vas a dormir, lo confundirás”. Sonreí, le agradecí a Dios desde el fondo de mi corazón, me recosté y fui a dormir.
¿Se acabó todo en ese momento? ¿Vencí todos mis miedos? Creo que sí, pero la batalla por mi mente continuó por varios meses. Dios fue fiel y me ayudó a reconocer que yo estaba respondiendo a antiguos pensamientos basados en el temor. Cada vez, hacía una elección consciente de no creer lo que estaba pasando por mi mente y elegía creer en la Palabra de Dios en lugar de ello. Juan 8:31-32 dice: “Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”.
Han pasado treinta años desde que me senté en mi cama y vencí mi angustia. He pasado los mismos treinta años evitando que el temor se aproveche y se apodere de mí otra vez. Con la ayuda del Espíritu Santo, mantengo mi esquema de creencias.


Ninguno de mis estudios de psicología, me ayudó a vencer el miedo. Mis estudios no me habían dado nada que yo pudiera usar para probar lo que era racional contra lo que era irracional, lo que era verdad contra lo que era mentira. Dado que mis primeras creencias estaban basadas y enraizadas en doctrinas religiosas, me volqué en la Biblia en busca de respuestas. Tomé la decisión de creer que todo era falso o corrupto, hasta que yo pudiera validarlo en la Palabra de Dios.

Primero: Me humillé y decidí que con el fin de vencer el temor, necesitaba la ayuda de Dios. 1 Pedro 5:6 dice: “Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los exalte a su debido tiempo”.

Segundo: Tomé la decisión de depositar todas mis ansiedades, preocupaciones e inquietudes de una vez y para siempre en Dios y confiar en que él me iba a enseñar lo que yo necesitaba saber para cambiar mi miedo en fe. 1 Pedro 5:7 dice: “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes”.

Tercero: Comencé a vencer el miedo cuando resistí al demonio, declarándole mentiroso, y escogí creer en Dios, aceptando todo lo que él decía como verdad. 1 Pedro 5:8-9 dice: “Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos”.

Cuarto: Cuando me levanté, Dios se levantó conmigo. Cuando me basé en la Palabra de Dios, me volví inamovible y, a través de Jesucristo, me volví una persona firme y decidida. Con el paso de los años, he continuado estable, he mantenido la seguridad y me he fortalecido. He decidido seguir el camino de Dios y convertirme en todo lo que él ha creado y diseñado para mi.

Mi consejo: Te motivo a que busques la verdad de Dios. Desafía cada temor, tratando de encontrar lo que en realidad es verdad y lo que es mentira. Te anímo y motivo a que hagas de la Biblia tu estandarte de verdad, y a que empieces a confíar en Dios para que te ayude a discernir entre la verdad y la mentira. Todo lo que necesitas para vencer el miedo, está disponible a través de Jesucristo y puede ser encontrado por aquellos que le buscan, que aprenden a tener el carácter de él como suyo propio y que se afianzan a su Palabra.

  • ¿Estás luchando? Salmos 34:4 dice: “Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores”. Dios quiere liberarte, ¡pídeselo! ¿Por qué no entregar ese temor a Dios? Si nunca has tenido una relación con él, puedes empezar una en este momento. Superar cualquier clase de temor es posible.

  • “Han pasado treinta años desde que me senté en mi cama y vencí mi angustia. He pasado los mismos treinta años evitando que el temor se aproveche y se apodere de mí otra vez. Con la ayuda del Espíritu Santo, mantengo mi esquema de creencias”

Regreso al contenido